Hay novedades de software que pruebas una tarde, dices «qué bien» y las olvidas. Y luego hay otras que, sin hacer ruido, terminan colándose en tu rutina de trabajo hasta que ya no sabes cómo hacías las cosas antes. El comparador de dibujos de progeCAD 2027 me parece de las segundas. A primera vista suena a poco: coger dos planos y ver qué diferencias hay entre ellos. Nada del otro mundo. Pero basta con haber trabajado un tiempo en un estudio para saber que ese «nada del otro mundo» esconde una de las tareas más tediosas del día a día. El plano que vuelve corregido Seguro que te suena la escena. Mandas una planta a un ingeniero, a un aparejador, a un colaborador o directamente al cliente. Al cabo de unos días te devuelven el DWG «ya corregido». Lo abres y, a simple vista, parece el mismo archivo de siempre. Ahí empieza el problema real: averiguar qué han tocado exactamente. Puede que hayan movido una puerta, quitado un tabique, cambiado una cota o metido un elemento nuevo que a ti nadie te ha comentado. Si no te avisan de los cambios, te toca ir a buscarlos tú, y eso en un plano con cientos de elementos deja de ser una tarea rápida. La forma clásica de resolverlo ya la conocemos todos: abrir los dos archivos, superponerlos, jugar con colores y capas, mover uno encima del otro… Funciona cuando el cambio es puntual, pero en cuanto hay varias modificaciones se convierte en un rato perdido buscando la aguja en el pajar. Ahí es donde entra esta herramienta Lo que hace el comando COMPARE de progeCAD 2027 es justamente eso: le das el dibujo original y el modificado, y el propio programa te señala qué es distinto entre uno y otro. Ya no tienes que fiarte de tu memoria ni recorrer el plano milímetro a milímetro; el programa te lo pone delante. Imagina que le envías al cliente los alzados de la vivienda para que te dé el visto bueno antes de seguir adelante. Al cabo de unos días te los devuelve con el clásico «he cambiado un par de cosas, échale un vistazo». Abres el archivo y, a simple vista, los alzados parecen los mismos de siempre. El cliente no te ha dicho exactamente qué ha tocado , o te lo ha dicho por encima, tipo «he movido una ventana y ya», y ahora te toca a ti averiguar el resto. Aquí es donde el comparador te ahorra el trabajo de ir mirando fachada por fachada, hueco por hueco, a ver si encuentras algo raro. Cargas el alzado que le enviaste tú y el que te ha devuelto, y el programa te marca directamente las diferencias: si ha cambiado el tamaño de una ventana, si ha desplazado una puerta, si ha eliminado un elemento de fachada o si ha añadido algo que ni siquiera comentasteis. Eso te permite responder con seguridad a la pregunta que realmente importa: ¿ha cambiado solo lo que hablamos, o hay algo más que tengo que revisar antes de seguir? En vez de fiarte de que «seguro que está bien» o de repasar el alzado entero de memoria, lo compruebas directamente y sigues adelante sin dudas. Se puede lanzar de dos formas: En la captura se ve bastante claro el criterio de color que usa el comparador: Recuadro naranja: marca la «zona de cambio». Es el aviso visual de «aquí hay algo distinto entre los dos dibujos», para que no tengas que buscarlo tú a ojo por todo el alzado. Verde: representa el elemento tal y como aparece en uno de los dos dibujos (normalmente la versión nueva o la que se está comparando). En el alzado de arriba ves las ventanas superiores marcadas en verde. Rojo: representa el elemento correspondiente en el otro dibujo (la versión antigua u original). En el mismo hueco de arriba aparecen los marcos inferiores en rojo, y en el alzado de abajo la puerta/ventana central también está en rojo. Es decir, dentro del mismo recuadro naranja el programa te está superponiendo las dos versiones del elemento: lo que había antes (rojo) y lo que hay ahora (verde), en la misma posición del plano. Así, de un vistazo, ves no solo que algo ha cambiado, sino qué forma tenía antes y qué forma tiene ahora. En este caso, parece que la composición de la carpintería del hueco central se ha modificado (probablemente el reparto de hojas o el tamaño de los cristales). El resto del alzado, en blanco/gris sin recuadro, es lo que no ha variado entre las dos versiones. Una sugerencia: también sirve para tus propias versiones No hace falta que el cambio venga de otra persona. También es útil para comparar tus propias versiones del proyecto: VIVIENDA_V12 contra VIVIENDA_V13, por ejemplo. Cuando llevas varios días metiendo mano al dibujo, es fácil perder la cuenta de todo lo que has tocado. Comparar versiones te da una foto clara de esa evolución, y puede funcionar casi como un último control antes de mandar una entrega: ¿Qué ha cambiado de verdad respecto a la versión anterior? Obviamente no sustituye una revisión seria del proyecto, pero sí te quita de encima buena parte del trabajo mecánico de ir buscando diferencias a mano. Una herramienta de estudio, no de dibujo Precisamente por eso me gusta. No es una función para aprender a trazar una línea más rápido ni para hacer una polilínea de otra manera; es una herramienta pensada para algo que hacemos todo el rato en un estudio: revisar información que ya existe. Cuanto más grande es el proyecto y más gente interviene, más sentido tiene. En un proyecto pequeño puede quedarse en una comodidad simpática. En uno con muchas versiones, varias ingenierías y cambios constantes, puede pasar a ser una herramienta de uso diario. Con algunas novedades pasa que las pruebas un rato, dices que están bien y vuelves a tu forma de trabajar de siempre. Con esta me ha pasado justo
2. Escalas y unidades: trabajar siempre a tamaño real!
En el artículo anterior configuré las unidades del dibujo para trabajar en metros. Esa es la primera decisión que tomo antes de empezar a dibujar, porque quiero que las medidas que aparecen en el archivo correspondan directamente con las medidas reales del proyecto. A partir de aquí hay otra regla que para mí es fundamental: el dibujo siempre se realiza a tamaño real, es decir, a 1:1. Puede parecer una cuestión demasiado básica, pero es importante tenerla clara desde el principio. En un programa CAD no dibujo una vivienda a escala 1:50 porque vaya a imprimirla después a 1:50. La vivienda se dibuja con sus dimensiones reales y la escala se decide posteriormente al preparar el plano. Parece una broma pero en mis más de 30 años en CAD he visto de todo. El dibujo siempre empieza en 1:1 Si una habitación mide 4 metros, dibujo 4. Si una puerta tiene un ancho de 0,82 metros, dibujo 0,82. No reduzco esas medidas porque piense que el plano terminará impreso a 1:50 o a 1:100. Esta forma de trabajar hace que el archivo represente realmente el proyecto. Si necesito medir una distancia, calcular una superficie o comprobar el tamaño de un elemento, estoy trabajando directamente con sus dimensiones reales. Para mí esta es una de las grandes ventajas del dibujo CAD frente a la forma tradicional de preparar planos en papel. Puedo trabajar sobre un único modelo y después utilizarlo para preparar planos a diferentes escalas. Una planta que dibujo a 1:1 puede terminar formando parte de un plano a 1:50, otro a 1:100 o incluso de un plano de situación a una escala mucho menor. El dibujo no cambia; cambia la forma en la que lo presento. Por eso intento mantener siempre separadas estas dos ideas: El modelo representa la realidad. La escala pertenece a la presentación. ¿Qué significa entonces trabajar a 1:50 o 1:100? La escala aparece cuando preparo la salida del plano. Por ejemplo, en una representación a 1:50, un metro de la realidad ocupará 2 cm sobre el papel. A 1:100, ese mismo metro ocupará 1 cm. Esto no significa que tenga que modificar la habitación de 4 metros que ya he dibujado. La habitación sigue midiendo 4 metros en el modelo. Es una distinción que parece evidente cuando llevas tiempo trabajando con CAD, pero que evita bastantes errores cuando se empieza a trabajar con presentaciones, ventanas gráficas y diferentes formatos de impresión. En los siguientes artículos iremos entrando en esa parte del trabajo. Por ahora me quedo con una regla muy sencilla: no dibujo pensando en el papel; dibujo pensando en el proyecto real. Las escalas gráficas Una vez tengo claro que el dibujo se realiza a 1:1, hay una configuración que dejo preparada: la lista de escalas que voy a utilizar habitualmente. progeCAD permite tener previamente configuradas diferentes escalas y acceder a ellas desde el control de escala que aparece en la parte inferior de la ventana de dibujo. Esto resulta especialmente útil porque la escala no solo sirve para indicar cómo voy a presentar el plano. También interviene en determinados elementos que quiero que se adapten automáticamente a la escala de trabajo. Por ejemplo, puedo tener preparadas mis escalas habituales de arquitectura: 1/20, 1/50, 1/100. 1/200, 1/500… No significa que el dibujo cambie de tamaño. Mi planta sigue estando dibujada a 1:1. Lo que cambia al seleccionar una escala es cómo se visualizan determinados elementos asociados a esa escala. Esto es especialmente importante cuando empiezo a trabajar con tipos de línea, textos anotativos, cotas anotativas y otros objetos que necesitan mantener una apariencia adecuada independientemente de la escala. Por ejemplo, puedo estar trabajando en una planta a 1:50 y después cambiar a 1:100 desde el control de escala de la parte inferior del programa. El modelo sigue siendo exactamente el mismo, pero los elementos anotativos se adaptan a la nueva escala. Preparar mi propia lista de escalas No me interesa tener una lista interminable de escalas que probablemente nunca vaya a utilizar. Prefiero preparar desde el principio las que realmente forman parte de mi trabajo habitual. Para arquitectura, una lista razonable puede ser: 1:20 para detalles.1:50 para plantas y secciones con bastante información.1:75 cuando necesito ajustar una planta a un formato concreto.1:100 para la documentación general del proyecto.1:200 para planos con una visión más general.1:500 para situaciones o emplazamientos. La ventaja de prepararlas ahora es que, cuando empiece a dibujar, no tengo que detenerme para crear o buscar una escala que necesito en ese momento. La idea es que la escala sea una parte más de mi configuración de trabajo, igual que las unidades, las capas o los estilos. Recuerda: la escala no modifica el modelo Esta es probablemente la idea más importante de este apartado. Si dibujo una pared de 4 metros, seguirá midiendo 4 metros aunque seleccione 1:50, 1:75 o 1:100. Lo que estoy cambiando es la escala de anotación y representación con la que estoy trabajando, no las dimensiones reales del proyecto. Esto será especialmente importante cuando configure textos y cotas. Un texto anotativo puede necesitar un tamaño diferente en función de la escala a la que se va a representar, pero no quiero estar modificándolo manualmente cada vez. Por eso prefiero tener desde el principio una lista de escalas bien preparada y trabajar con ellas durante el desarrollo del proyecto. Más adelante, cuando lleguemos a la configuración de textos, cotas y presentaciones, veremos cómo aprovechar realmente este sistema. Aquí simplemente dejo preparada la base sobre la que voy a trabajar durante toda la serie. Configurar mi lista de escalas En progeCAD puedo acceder a la configuración de escalas desde el menú correspondiente a las escalas de anotación. Aquí aparece la lista de escalas disponibles y puedo añadir, modificar o eliminar las que no necesito. Primero le doy al botón de Limpiar y borro todas las listas predefinidas. Después pulso Añadir. Aparece una ventana en la que puedo indicar el nombre de la escala y, en la parte inferior, definir
1 · Lo primero que configuraremos en progeCAD 2027: las unidades!
Cuando alguien me manda un DWG para que lo desarrolle, hay cosas que ya doy por descontadas: capas, estilos de cotas, bloques, tipos de línea… todo eso se puede revisar y poner a nuestro gusto. Pero hay un problema con el que me encuentro muchísimo más a menudo de lo que debería: las unidades. Y no, no estoy hablando de algo complicado. Es una cuestión bastante básica: decidir en qué unidad vamos a dibujar. De hecho, yo diría que en el 95 % de los DWG que recibo, lo primero que tengo que comprobar y muchas veces corregir, son precisamente las unidades del dibujo. Y de ahí parte esta serie. No quiero hacer un manual de progeCAD ni explicar cómo se dibuja una línea, se crea una capa o se coloca una cota. Partimos de que el programa lo conocemos y sabemos trabajar con él.Lo que quiero hacer es algo bastante más práctico: enseñar cómo configuro yo progeCAD para mi trabajo diario como arquitecto, qué opciones cambio, cuáles dejo como vienen y, a veces, comentarte por qué tomo cada una de esas decisiones. Porque configurar el programa no consiste en marcar opciones al azar hasta que «parezca que funciona». La idea es establecer desde el principio una forma de trabajar coherente y que después todo encaje. Y las unidades son el primer paso. La unidad que elijamos va a condicionar muchas de las decisiones que vendrán después: bloques, cotas, superficies, escalas, impresión… Todo tiene que estar de acuerdo con la manera en la que hemos decidido trabajar. En mi caso, lo tengo bastante claro: Trabajo en metros. Así que esa va a ser la primera decisión que vamos a dejar fijada en este progeCAD 2027 recién estrenado. Y a partir de ahí, iremos viendo una opción detrás de otra, exactamente como las utilizo yo en mi trabajo diario. 1. Entro en la configuración de unidades Con un dibujo nuevo abierto, tecleo Unidades. Aquí encontramos la configuración que determina cómo progeCAD interpreta y muestra las medidas. No voy a modificar todo lo que aparece en la ventana. La idea de estos artículos es precisamente no tocar opciones porque sí, sino configurar únicamente aquello que necesito para trabajar. Configuro la longitud en decimal Hoy solo vamos a configurar 2 cosas. En la pestaña Lineal, en Tipos de unidad selecciono Decimales, y en Mostrar precisión establezco 2. Aquí conviene hacer una pequeña aclaración. La precisión que seleccionamos en esta ventana no significa que progeCAD deje de trabajar con mayor precisión. Estamos definiendo principalmente cómo queremos introducir y representar las medidas. Para mi trabajo habitual, dos decimales son suficientes. En inserción de unidades de escala y en Unidades de dibujo establezco metros. Configuro los ángulos En la misma ventana, pero esta vez en la pestaña Angular, dejo el Tipo de unidad como Grados decimales y establezco una precisión de 2 decimales. En el trabajo de arquitectura prefiero conservar esta precisión porque, en determinadas ocasiones, necesito saber si una línea está realmente a 90° o si tiene una pequeña desviación. No es lo mismo trabajar con 89,99° que con 90°. Cuando trabajábamos principalmente sobre papel, estas pequeñas diferencias podían pasar desapercibidas. Ahora trabajamos con herramientas que nos permiten dibujar con mucha más precisión, por lo que un pequeño error puede mantenerse en el proyecto y acabar afectando a otros elementos. Si para un trabajo concreto necesito una precisión diferente, siempre puedo modificarla. Para mi configuración habitual, prefiero dejarla en dos decimales y trabajar con ella de forma coherente en todos mis proyectos. Compruebo que todo funciona como espero Antes de seguir configurando progeCAD, hago una comprobación muy sencilla. Dibujo una línea y compruebo su longitud. Si el resultado es el esperado, ya tengo la base preparada. A partir de ahora, cuando dibuje una vivienda, por ejemplo, una pared de 4 metros será simplemente una línea de 4,00. No tengo que estar pensando continuamente en conversiones entre metros y milímetros. Y esta decisión nos acompañará durante toda la serie. Cuando más adelante configuremos bloques, cotas, superficies, escalas y planos, todos esos elementos tendrán que ser coherentes con estas unidades. Configuración que dejo Longitud: DecimalPrecisión: 0,00Ángulos: Grados decimalesPrecisión angular: 0 Con esto ya tengo preparado el primer elemento de mi entorno de trabajo. En el siguiente artículo voy a decidir qué precisión necesito realmente en el dibujo y cómo quiero trabajar con las medidas. Espero que este artículo te haya resultado útil. Poco a poco iré ampliando esta serie dedicada a progeCAD 2027, mostrando cómo voy configurandolo para adaptarlo a mi forma de trabajar en arquitectura, con ejemplos y situaciones reales del día a día. La idea es ir construyendo, artículo a artículo, un entorno de trabajo cada vez más cómodo, ordenado y adaptado a nuestras necesidades. Y si tienes alguna duda, encuentras algo que no funciona como esperabas o simplemente quieres aportar otra forma de hacerlo, puedes dejar un comentario al final del artículo. Intentaré responderlo y, si puede ser útil para los demás, incorporarlo a la serie.
progeCAD 2027: vuelta a empezar, pero esta vez a mi manera !
Estamos ya a mediados de septiembre y, como quien no quiere la cosa se estrena curso, agenda nueva y promesas de que este año sí voy a organizarme. Y sobre todo, toca estrenar el nuevo progeCAD 2027 en español. Acabo de instalarlo y he pensado que estaría bueno hacer algo distinto pero igual de practico: configurar desde cero el programa adaptándolo a mi forma de trabajar, y que pudierais ver el proceso paso a paso, lógicamente, con una explicación. No porque no sepa configurar un CAD. Después de más de 30 años trabajando con ellos, alguna cosa hemos aprendido. También hemos acumulado unos cuantos malos vicios, cosas que nadie sabe para qué sirven, botones que no sabemos por qué siguen ahí y configuraciones que un buen día funcionaron y desde entonces nadie se ha atrevido a tocar. Así que esta vez voy a aprovechar el cambio de versión para hacer limpieza. Y, de paso, iremos viendo qué trae de nuevo ProgeCAD 2027, qué ha cambiado respecto a versiones anteriores y, sobre todo, si esas novedades sirven realmente para trabajar mejor o simplemente quedan estupendas en la lista de novedades. Solo os pido paciencia. Iré subiendo los artículos a medida que los vaya haciendo, si el trabajo me lo permite. No quiero hacer un curso de ProgeCAD Esto es importante. No voy a ponerme a explicar qué es una polilínea, cómo se hace una línea o para qué sirve una capa. A estas alturas, si has llegado hasta aquí probablemente ya sabes dibujar. Lo que quiero hacer es algo bastante más sencillo: una necesidad → una configuración. Tengo un problema, lo soluciono, Siguiente. Sin grandes teorías, sin recorridos interminables por todos los menús y sin dedicar tres capítulos a explicar una función que después utilizaremos una vez cada seis meses. Quizá no sea la forma más académica de enseñar un programa. Pero probablemente sea bastante más parecida a cómo aprendemos a utilizarlo en la vida real. Primero necesitas algo. Luego descubres cómo hacerlo. Y, si después de usarlo durante seis meses te preguntas por qué demonios no lo habías configurado así antes, entonces la cosa ha funcionado. Treinta años dan para mucho… también para malos vicios Llevo más de 30 años trabajando con CAD. Eso tiene una parte buena y otra peligrosa. La buena es que uno acaba conociendo bastante bien lo que necesita para trabajar. La peligrosa es que también acaba haciendo muchas cosas porque siempre las ha hecho así. Y eso es terreno abonado para los malos vicios. Hay cosas que sigo haciendo probablemente como en 2002. Otras las hago porque aprendí a hacerlas de una determinada manera y nunca me paré a pensar si había una forma mejor. Y otras, directamente, son automatismos que se han ido acumulando durante años. Pero también hay algo que te dan 30 años delante de un CAD: cierta capacidad para distinguir entre una mejora real y una función que queda muy bonita en una demostración. Así que intentaré aprovechar esa experiencia. No para decir que mi manera de trabajar es la correcta. Simplemente para probar, comparar y decidir qué me funciona y qué no. ProgeCAD 2027, pero desde cero Esta será mi cuarta versión de ProgeCAD. Por tanto, no parto exactamente de cero. Pero sí quiero intentar que la configuración sea una especie de nuevo comienzo. Nada de copiar el perfil anterior y arrastrar con él todas las cosas que hemos ido acumulando durante años. Vamos a ir configurándolo según las necesidades que vayan apareciendo: Capas, Colores, Tipos de línea, Cotas, Textos, Bloques, Presentaciones, Impresión, Atajos, Plantillas, LISPs… Y todas esas pequeñas cosas que, una por una, parecen una tontería, pero que al cabo de una jornada de trabajo pueden marcar una diferencia bastante grande. La idea no es conseguir una configuración perfecta. La idea es conseguir mi configuración: desde el punto de vista del trabajo de / para un arquitecto Y si por el camino descubrimos que algo que yo hacía de una manera se puede hacer mejor, pues estupendo. ¿Y la IA qué pinta aquí? Pues bastante. Llevo muchos meses bastante metido en esto de la inteligencia artificial, intentando conseguir que dibuje por mí. Y no, todavía no he conseguido jubilarme. Pero sí he conseguido avances interesantes. En algunas tareas la cosa empieza a funcionar francamente bien. En otras seguimos pegándonos con ella. Y seguramente seguirá siendo así durante bastante tiempo. Pero hay una parte que me interesa especialmente: todo ese trabajo repetitivo que hacemos constantemente y que no aporta absolutamente nada: Renombrar, Comprobar, Preparar, Copiar…. Ahí creo que la IA puede echar una mano. No necesariamente para sustituir al que dibuja, sino para conseguir que el que dibuja dibuje más y pierda menos tiempo haciendo de administrativo de su propio dibujo. Así que también iremos viendo algunas de estas cosas. No como un curso de inteligencia artificial, sino según vayan surgiendo necesidades reales. El problema es el tiempo Aquí viene la letra pequeña. No tengo mucho tiempo libre. Me gustaría decir que voy a publicar todas las semanas, que tendremos una planificación estupenda y que dentro de tres meses habremos convertido ProgeCAD en una nave espacial. Pero probablemente no. Tengo trabajo, Proyectos, Planos y Memorias que hacer. Y esas pequeñas cosas que aparecen justo cuando uno pensaba que tenía una tarde libre. Así que iremos al ritmo que podamos. Si una semana puedo dedicarle tiempo, habrá artículo. Si puedo probar cinco cosas, os contaré cinco. Si solamente puedo probar una, pues una. Pero prefiero hacerlo así y que sea algo real a montar una serie perfecta que después no pueda mantener. Quiero verlo con vosotros Aunque sea mi cuarta versión de ProgeCAD, durante los primeros meses quiero planteármelo casi como si fuera uno más descubriendo ProgeCAD 2027. Iremos viendo las diferencias poco a poco. Qué ha cambiado?. Qué merece la pena?. Qué no?. Qué cosas me gustan?. Qué cosas me desesperan?. Y, sobre todo, cómo podemos adaptar el programa a una forma de trabajar concreta. Porque seguramente muchas
Cómo crear una memoria de carpinterías automática en progeCAD con AutoLISP e Inteligencia Artificial!
La memoria de carpinterías es un excelente ejemplo de cómo la automatización puede eliminar tareas repetitivas y reducir errores documentales.
La información ya existe dentro del dibujo. La clave consiste en estructurarla correctamente y utilizar AutoLISP para recuperarla cuando sea necesario.
Gracias a la inteligencia artificial, desarrollar este tipo de herramientas está hoy al alcance de cualquier técnico con conocimientos básicos de CAD.
Y una vez automatizada la memoria de carpinterías, la pregunta ya no es qué proceso puede automatizarse, sino cuántos otros procesos del proyecto siguen realizándose manualmente sin necesidad.
El plano que parece perfecto… pero esconde errores: 10 fallos silenciosos que pueden arruinar un dibujo en progeCAD!
Hay errores en un plano CAD que no necesitan presentación: Una línea que aparece donde no debe, un texto que parece escrito para una valla publicitaria o una cota que decide atravesar media planta. Los ves en dos segundos. El problema son los otros. Los errores silenciosos. Los que dejan el plano con una pinta estupenda, permiten imprimir un PDF perfectamente presentable y pasan una revisión rápida sin levantar sospechas. Hasta que alguien necesita modificar el proyecto seis meses después. Entonces aparecen las sorpresas: superficies que no cuadran, bloques que ya no son bloques, referencias que han desaparecido, objetos que nadie sabe de dónde han salido y un archivo que parece haber sido dibujado por cinco personas distintas… aunque solo lo haya hecho una. Vamos con diez de los más habituales. 1. Dibujar a una escala incorrecta Este es un clásico que se resiste a desaparecer. Si una pared mide 5 metros, en el espacio modelo debe medir 5 metros. O 5000 unidades si trabajamos en milímetros. No 5 centímetros porque el plano vaya a imprimirse a 1:100. La escala se controla después, mediante las presentaciones, ventanas gráficas y configuración de impresión. Cuando empezamos a dibujar directamente «a 1:50» o «a 1:100», al principio parece que no pasa nada. El problema llega después: cotas, textos, bloques, referencias externas y superficies empiezan a requerir soluciones diferentes para cada plano. Y entonces el archivo deja de ser un dibujo y empieza a parecer un rompecabezas. La regla es sencilla: modelo a tamaño real; escala al presentar o imprimir. 2. Objetos en capas que no les corresponden Este error es especialmente traicionero porque, mientras todas las capas estén activadas, prácticamente nadie lo nota. Una ventana puede estar en la capa de mobiliario. Un texto en la de cotas. Una línea de estructura en la de arquitectura. Todo parece correcto. Hasta que alguien apaga una capa. Y entonces desaparece media ventana, una parte de la estructura o, en el peor momento posible, ese objeto que llevabas veinte minutos buscando. Las capas no están para decorar el administrador de capas. Son una forma de organizar la información del proyecto. Por eso conviene que cada objeto tenga una ubicación lógica y que esa organización sea siempre la misma. 3. Explotar bloques como si no hubiera mañana Insertas un bloque de una puerta. Necesitas modificar una cosa y lo explotas. Y piensas que «Solo será esta.» Dos semanas después hay 37 puertas explotadas por todo el proyecto. Visualmente siguen pareciendo puertas, así que nadie sospecha nada. El problema llega cuando decides cambiar el modelo. Si son bloques, puedes actualizar el conjunto. Si son líneas sueltas, empieza el ejercicio de localizar, seleccionar y modificar una por una. Y cuando llevas unas veinte empiezas a preguntarte por qué tomaste aquella decisión. Un elemento que se repite y que previsiblemente habrá que modificar merece ser un bloque. No hace falta convertir absolutamente todo en un bloque. Pero tampoco convertir los bloques en líneas por comodidad. 4. Bloques dentro de bloques dentro de bloques Aquí tenemos el extremo contrario. Un bloque contiene otro bloque, que contiene otro bloque, que contiene otro… y en algún momento aparece un bloque para la manilla de la puerta. Los bloques anidados pueden ser muy útiles. El problema aparece cuando se utilizan sin una estructura clara. Si para modificar una ventana tienes que entrar en tres niveles de edición, recordar qué bloque contiene a cuál y después salir sin saber exactamente qué acabas de cambiar, probablemente hemos ido demasiado lejos. Un bloque debería facilitar la edición y la reutilización. Si empieza a necesitar un manual de instrucciones, algo ha salido mal. 5. Geometría duplicada Este es uno de los errores más difíciles de detectar a simple vista. Dos líneas exactamente superpuestas parecen una sola. Pero para el programa son dos objetos. Puede ocurrir después de copiar, pegar, importar información de otro archivo o superponer diferentes versiones de un dibujo. Las consecuencias pueden aparecer en los sitios más inesperados: superficies que no funcionan, selecciones extrañas, archivos innecesariamente pesados o resultados incorrectos en determinadas operaciones. La geometría duplicada es especialmente frecuente en archivos que llevan muchos años evolucionando. Por eso herramientas de limpieza y revisión como OVERKILL, PURGE o AUDIT no deberían reservarse exclusivamente para cuando el archivo empieza a dar problemas. 6. Polilíneas que parecen cerradas… pero no lo están Esta escena es bastante conocida. Seleccionas el contorno de una habitación que parece cerrado. Intentas calcular el área y nada. Vuelves a mirar y sigue pareciendo cerrado, pero amplías… y ahí está el culpable: un pequeño hueco de unas décimas de milímetro que nadie había visto. Cuando una geometría va a utilizarse para superficies, regiones, mediciones o cualquier operación basada en un contorno, conviene trabajar con polilíneas realmente cerradas. No basta con que «parezca» cerrado. El ordenador, por desgracia, no trabaja con intuiciones. 7. Dibujar a kilómetros del origen Otro error que suele permanecer oculto durante bastante tiempo. El proyecto funciona perfectamente… hasta que empieza a comportarse de manera extraña. Objetos que se seleccionan mal, problemas de visualización, precisión inesperada o comportamientos raros al hacer determinadas operaciones. Una causa frecuente es que el dibujo esté situado a una distancia enorme del origen. Esto puede tener sentido cuando se trabaja con coordenadas reales, cartografía o sistemas de referencia geográfica. En esos casos hay que plantear la estrategia desde el principio. Pero si estamos dibujando una vivienda y la fachada está a 800.000 metros del origen porque alguien pegó una referencia «donde cayó», tenemos un problema. Para proyectos que no necesitan coordenadas reales, mantener el dibujo cerca del origen suele ser una buena práctica. 8. Cada texto con un estilo diferente Este suele aparecer poco a poco: un texto se creó con Arial, otro con Romans, otro con una SHX… Otro fue copiado de un proyecto antiguo, otro llegó desde Internet y nadie sabe qué fuente utiliza. A simple vista puede que todos parezcan iguales. Hasta que llega el momento de cambiar la tipografía del proyecto. Entonces descubrimos
Personalizar progeCAD 2026: crear un menú para nuestras rutinas LISP!
Cuando empezamos a crear nuestras propias rutinas LISP para progeCAD, es bastante habitual que al principio las utilicemos con frecuencia y, con el tiempo, acabemos olvidándonos de ellas. Guardamos los archivos .LSP en una carpeta, creamos nuevas rutinas y, después de unos meses, tenemos una pequeña colección de herramientas que sabemos que existen, pero que no siempre recordamos cómo se llaman o dónde están. Una solución sencilla es integrar estas rutinas en el propio entorno de progeCAD mediante el CUI (Customize User Interface). De esta forma podemos crear un menú personalizado en el que aparezcan nuestras herramientas y acceder a ellas de la misma manera que accedemos a cualquier otro comando del programa. En este ejemplo vamos a utilizar dos rutinas que forman parte de mi trabajo habitual: CCC, que utilizo para crear mis capas, y RASANTE, que permite colocar automáticamente una rasante tomando como referencia un punto determinado (muy interesante para los arquitectos). 1. Las dos rutinas Partimos de dos archivos LISP, por ejemplo CCC.LSP y RASANTE.LSP. Cada uno contiene una rutina que podemos ejecutar desde la línea de comandos de progeCAD. En el caso de CCC.LSP, el comando que utilizamos será CCC, mientras que en RASANTE.LSP el comando será RASANTE. Esta diferencia es importante porque, cuando posteriormente creemos los botones en el CUI, no vamos a llamar directamente al archivo .LSP, sino al comando que contiene la rutina. Por ejemplo, si dentro de CCC.LSP encontramos una definición como (defun c:CCC …), significa que el comando que progeCAD reconoce es CCC. Lo mismo ocurre con RASANTE. La idea, por tanto, es muy sencilla: tenemos dos archivos LISP, pero desde el punto de vista de progeCAD tenemos dos nuevos comandos llamados CCC y RASANTE. 2. Comprobar primero que funcionan Antes de modificar el CUI conviene comprobar que las dos rutinas funcionan correctamente. De esta manera evitamos mezclar un posible problema del LISP con un problema de configuración del menú. Para ello podemos cargar temporalmente cada archivo mediante el comando APPLOAD. Cargamos CCC.LSP y, una vez cargado, escribimos CCC en la línea de comandos. Si la rutina crea correctamente nuestras capas, sabemos que funciona y que el nombre del comando es correcto. Hacemos lo mismo con RASANTE.LSP. Después de cargarlo escribimos RASANTE y comprobamos que la rutina realiza correctamente su función, es decir, que permite colocar la rasante de forma automática tomando como referencia el punto que indiquemos. Este paso es importante porque nos permite comprobar que el problema no está en las propias rutinas. Si ambas funcionan escribiendo sus respectivos comandos en la línea de comandos, ya podemos pasar a integrarlas en la interfaz de progeCAD. Yo cree una carpeta en c:/progeCAD donde coloco todas las lisp para facilitar que el programa las encuentre. Dicha ruta se la he especificado al programa en la ventana de configuración. Esto ya lo he explicado alguna vez pero si tienes problemas te lo puedo explicar personalmente. 3. Abrir el CUI Para personalizar la interfaz de progeCAD utilizaremos el editor CUI, que podemos abrir escribiendo CUI directamente en la línea de comandos y pulsando Enter. El CUI permite modificar diferentes elementos de la interfaz del programa. Podemos personalizar menús, barras de herramientas, comandos y otros elementos de la configuración de usuario. En nuestro caso no necesitamos modificar toda la interfaz. Simplemente vamos a utilizar el CUI para crear dos comandos personalizados y posteriormente colocarlos dentro de un menú que podamos identificar fácilmente como nuestro conjunto de herramientas de arquitectura. 4. Crear el comando CCC Dentro del CUI debemos localizar la lista de comandos y crear un nuevo comando. Podemos llamarlo CCC – Crear capas, de manera que el nombre que aparezca en nuestra interfaz sea suficientemente descriptivo y no tengamos que recordar únicamente qué significa la abreviatura CCC. En la descripción podemos indicar, por ejemplo, que se trata de una herramienta para crear y configurar las capas normalizadas de nuestra plantilla de arquitectura. El elemento más importante es la macro asociada al comando. En este caso escribiremos: La parte CCC es el nombre del comando que queremos ejecutar. Los caracteres ^C^C sirven para cancelar cualquier comando que estuviera activo antes de ejecutar nuestra rutina. Por tanto, cuando seleccionemos este elemento desde nuestro futuro menú, progeCAD cancelará el comando que estuviera activo y ejecutará directamente CCC. 5. Crear el comando RASANTE A continuación creamos un segundo comando siguiendo exactamente el mismo procedimiento. En este caso podemos llamarlo RASANTE – Colocar rasante, de forma que el nombre nos indique claramente qué hace la herramienta. La macro será: De nuevo, RASANTE es el nombre del comando definido dentro de nuestro archivo LISP. Cuando seleccionemos esta opción desde el menú, progeCAD ejecutará directamente nuestra rutina. En este punto ya tenemos creados en el CUI nuestros dos comandos personalizados: uno para crear las capas mediante CCC y otro para colocar las rasantes mediante RASANTE. 6. Crear nuestro menú Una vez creados los dos comandos, podemos crear un menú específico para nuestras herramientas. Podemos llamarlo HERRAMIENTAS ARQUITECTURA, aunque el nombre puede ser el que mejor encaje con nuestra forma de trabajar. Dentro del menú añadimos los dos comandos que acabamos de crear. El resultado será algo parecido a: Aunque inicialmente solo tengamos dos rutinas, no debemos preocuparnos por que el menú parezca demasiado pequeño. Precisamente estamos creando una estructura que podremos ampliar a medida que desarrollemos nuevas herramientas. Más adelante podremos añadir rutinas para revisar capas, limpiar dibujos, generar cuadros, automatizar mediciones o resolver cualquier otra tarea repetitiva que vayamos incorporando a nuestro sistema de trabajo. 7. El resultado Después de aplicar la personalización podremos acceder a nuestras rutinas desde el menú de progeCAD. Al seleccionar HERRAMIENTAS ARQUITECTURA → CCC – Crear capas, el programa ejecutará nuestra rutina CCC. De la misma manera, al seleccionar HERRAMIENTAS ARQUITECTURA → RASANTE – Colocar rasante, se ejecutará la rutina RASANTE. La diferencia puede parecer pequeña, pero en el trabajo diario resulta muy útil. Ya no necesitamos abrir APPLOAD, buscar un archivo LISP en una carpeta y recordar cómo se llamaba el comando
SMARTJOIN en progeCAD: el comando que reconstruye contornos en segundos!
SMARTJOIN es uno de esos comandos poco conocidos que pueden ahorrar mucho tiempo en el trabajo diario. Si recibes planos de terceros, importas archivos DXF con frecuencia o trabajas sobre documentación antigua, merece la pena incorporarlo a tu flujo de trabajo.
En muchos casos, basta un único comando para transformar un conjunto de líneas inconexas en una polilínea limpia, editable y preparada para realizar modificaciones, calcular áreas o generar sombreados sin complicaciones.
Dos comandos de progeCAD que te ahorran sacar la calculadora (y unos cuantos disgustos)!
TOTALAREA y TOTALLENGTH son dos de esos comandos discretos que apenas ocupan una línea en el listado de herramientas de progeCAD, pero que terminan utilizándose casi a diario.
La próxima vez que alguien saque la calculadora para sumar quince superficies o veinte tramos de conducto, puedes sonreír con cierta superioridad profesional y decir:
—¿Todavía haces eso a mano?
Después ejecutas el comando correspondiente, obtienes el resultado en dos segundos… y vuelves a lo importante: pelearte con ese bloque que, por algún extraño motivo, siempre aparece girado.
ProgeCAD y la «inteligencia» del dibujo: cómo conseguir que el CAD trabaje más por ti!
Durante muchos años, mejorar en CAD significaba una cosa: dibujar más rápido. Aprender comandos, memorizar atajos de teclado, utilizar bloques o mantener un buen orden de capas era la forma de ganar tiempo en cada proyecto. Pero llega un momento, sobre todo cuando trabajamos en proyectos de cierta envergadura, en el que el problema deja de ser la velocidad de dibujo. El verdadero enemigo pasa a ser otro: la repetición. Copiar una y otra vez la misma información entre planos, comprobar que todas las capas están correctamente configuradas, actualizar cartelas, revisar que los textos coincidan con la última versión del proyecto, preparar presentaciones o dejar decenas de planos listos para imprimir son tareas que consumen muchas horas y, además, son una fuente constante de errores. Aquí es donde progeCAD puede dar un paso más. Gracias a herramientas como los bloques con atributos, las plantillas DWT, las referencias externas, los scripts o las rutinas AutoLISP, es posible convertir el programa en un auténtico sistema de trabajo. La idea no es que el software piense por nosotros, sino evitar dedicar tiempo a tareas mecánicas que un ordenador puede hacer solo. El problema no es dibujar, es repetir Pensemos en una vivienda unifamiliar. Aunque sea un proyecto relativamente sencillo, suele incluir planos de situación, emplazamiento, plantas, cubierta, alzados, secciones, detalles constructivos y carpinterías. Cada uno tiene su propia presentación y su correspondiente cartela. Ahora imaginemos que cambia el nombre del proyecto, o el promotor, o la dirección de la obra, o el número de expediente. De repente hay que revisar varios planos para comprobar que toda esa información está actualizada. Y cuanto mayor es el proyecto, mayor es el riesgo de que algún dato se quede sin modificar. Por eso existe un principio muy sencillo que puede cambiar por completo nuestra forma de trabajar: La información que se repite debería existir una sola vez. Si el mismo dato aparece en diez lugares distintos, tarde o temprano alguno acabará siendo diferente. Es exactamente la misma filosofía que utilizan la programación y las bases de datos: una única fuente de información y tantas referencias como sean necesarias. Las capas: el primer paso hacia la automatización Una buena plantilla DWT ya supone un ahorro de tiempo antes incluso de empezar a dibujar. No se trata únicamente de tener una lista de capas preparada. Lo realmente importante es establecer una estructura coherente para todos los proyectos. Por ejemplo: Si cada elemento nace directamente en su capa correcta, evitamos muchos problemas posteriores. Y todavía podemos ir un paso más allá. Una rutina AutoLISP puede crear automáticamente todas las capas necesarias al iniciar un proyecto, comprobar si ya existen, asignarles color, tipo de línea, grosor y cualquier otra propiedad. Así el usuario no pierde tiempo preparando el dibujo. Simplemente empieza a trabajar. Los bloques pueden guardar mucho más que geometría Una puerta puede ser únicamente un dibujo. O puede convertirse en un pequeño contenedor de información. Además de su representación gráfica, un bloque puede almacenar datos como: La gran ventaja es que el dibujo y la información permanecen siempre unidos. Esto abre posibilidades muy interesantes. Por ejemplo, si todas las ventanas del proyecto están correctamente identificadas mediante atributos, una rutina puede recorrer el dibujo y generar automáticamente un cuadro de carpinterías con sus referencias y dimensiones. Lo mismo puede hacerse con puertas, luminarias, sanitarios, equipos de climatización o cualquier otro elemento repetitivo. En ese momento el CAD deja de ser un simple lugar donde dibujamos líneas y empieza a comportarse como una pequeña base de datos gráfica. El gran salto: automatizar las presentaciones Quien haya preparado un proyecto grande sabe que una de las tareas más pesadas es crear todas las presentaciones. El proceso suele repetirse una y otra vez: Y volver a empezar. Si el proyecto tiene cincuenta planos, el tiempo invertido es enorme. Una alternativa mucho más eficiente consiste en disponer de una presentación maestra y dejar que una rutina haga el resto. Ese proceso podría: El objetivo es sencillo: que el arquitecto solo intervenga cuando haya que tomar una decisión técnica, no cuando haya que repetir tareas mecánicas. Cuando el nombre de la presentación también aporta información Hay pequeños trucos que pueden ahorrar mucho trabajo. Imaginemos estas presentaciones: Ese nombre ya contiene información. Una rutina puede leerlo y utilizarlo para completar automáticamente el título de la cartela. Así, la presentación 03_PLANTA_BAJA mostraría directamente PLANTA BAJA, mientras que 06_ALZADO_NORTE se convertiría en ALZADO NORTE sin necesidad de escribir nada. Es un detalle sencillo, pero refleja una idea importante: cualquier información que ya existe en el proyecto puede reutilizarse para automatizar procesos. ¿Y si ProgeCAD leyera directamente un Excel? La automatización puede ir todavía más lejos. Imaginemos una hoja de cálculo con los datos de todos los planos. Nº Plano Título Escala 01 SITUACIÓN Situación 1:5000 02 EMPLAZAMIENTO Emplazamiento 1:500 03 PB Planta baja 1:100 04 P1 Planta primera 1:100 05 CUB Planta de cubierta 1:100 Con esa información, una rutina podría actualizar automáticamente todas las cartelas. La geometría seguiría estando en el dibujo. Los datos del proyecto estarían en la hoja de cálculo. Y la automatización sería el puente entre ambos. En proyectos grandes esta separación resulta especialmente útil, porque modificar un dato solo requiere hacerlo en un único lugar. Más que una rutina, un sistema de trabajo La automatización realmente útil no consiste en crear un Lisp para resolver una tarea concreta. Consiste en construir un sistema. Por ejemplo: En ese escenario, progeCAD deja de ser únicamente un programa para dibujar y se convierte en el centro de todo el flujo de producción. ¿Por dónde merece la pena empezar? No hace falta desarrollar una automatización compleja desde el primer día. Lo más rentable es localizar aquellas tareas que repetimos constantemente. Nivel 1. Automatización básica Nivel 2. Automatización gráfica Nivel 3. Documentación Nivel 4. Automatización avanzada Curiosamente, el mayor ahorro de tiempo suele aparecer precisamente en los niveles 3 y 4. La pregunta que cambia la forma de trabajar Después de muchos años utilizando CAD es