Carlos Pallas Rodríguez | Arquitecto

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Rehabilitación energética de edificios existentes: cómo reducir el consumo sin comprometer el edificio!

La rehabilitación energética ha pasado de ser una actuación puntual a convertirse en una de las principales líneas de intervención sobre el parque edificatorio existente. Durante décadas se construyeron edificios con escasas exigencias de aislamiento térmico y sin criterios de eficiencia comparables a los actuales. Como consecuencia, muchas viviendas presentan consumos elevados, problemas de confort y dificultades para mantener una temperatura estable durante todo el año.

La experiencia demuestra que gran parte de estos problemas pueden corregirse. Una rehabilitación bien planteada permite reducir la demanda energética, mejorar la calidad ambiental interior y prolongar la vida útil del edificio, todo ello sin necesidad de realizar transformaciones radicales.

Antes de actuar, hay que entender cómo pierde energía el edificio

Uno de los errores más habituales consiste en abordar actuaciones aisladas sin analizar previamente el comportamiento global del inmueble.

Cambiar las ventanas, sustituir la caldera o instalar paneles solares puede resultar beneficioso, pero los resultados serán limitados si no se identifican primero las causas reales de las pérdidas energéticas.

Por eso, cualquier rehabilitación debería comenzar con un diagnóstico técnico que permita localizar los puntos débiles de la envolvente y evaluar el estado de las instalaciones.

En edificios construidos antes de la entrada en vigor de las primeras normativas térmicas suelen repetirse los mismos problemas: fachadas sin aislamiento, cubiertas poco protegidas, carpinterías antiguas, infiltraciones de aire y numerosos puentes térmicos distribuidos por toda la envolvente.

La fachada suele ser el principal foco de actuación

Cuando se analiza el comportamiento energético de un edificio, la fachada suele concentrar una parte importante de las pérdidas de calor durante el invierno y de las ganancias térmicas durante el verano.

Por este motivo, las intervenciones sobre los cerramientos verticales suelen proporcionar algunos de los mejores resultados en términos de ahorro y confort.

Entre las soluciones más utilizadas destaca el aislamiento térmico por el exterior mediante sistemas SATE. Su principal ventaja es que permite envolver el edificio con una capa continua de aislamiento, reduciendo significativamente los puentes térmicos y mejorando el comportamiento global de la fachada sin afectar a la superficie útil de las viviendas.

Además del ahorro energético, este tipo de actuaciones suele resolver problemas de condensaciones interiores y ofrece la oportunidad de renovar completamente la imagen exterior del inmueble.

Otra alternativa frecuente es la fachada ventilada, especialmente interesante en edificios expuestos a condiciones climáticas exigentes. La cámara de aire situada entre el aislamiento y el revestimiento exterior mejora la evacuación de la humedad y contribuye a aumentar la durabilidad del sistema.

Cuando la normativa urbanística o la protección patrimonial impiden actuar por el exterior, puede recurrirse al aislamiento interior. Aunque es una solución perfectamente válida en determinadas circunstancias, exige un estudio más cuidadoso para evitar condensaciones y suele mantener algunos puentes térmicos difíciles de eliminar.

La cubierta: un elemento muchas veces olvidado

En edificios con escaso aislamiento, la cubierta puede representar una parte muy importante de las pérdidas energéticas. Es frecuente encontrar inmuebles donde se han sustituido ventanas o renovado instalaciones mientras la cubierta continúa prácticamente igual que hace décadas.

La incorporación de aislamiento continuo, la ejecución de cubiertas invertidas o la mejora de la ventilación bajo cubierta permiten reducir considerablemente la demanda energética.

En zonas húmedas, como Galicia, estas actuaciones deben ir acompañadas de una correcta resolución de la impermeabilización y del control de la humedad. Una cubierta energéticamente eficiente no solo debe aislar bien; también debe proteger adecuadamente el edificio frente al agua.

Las ventanas son más que un cristal

La sustitución de carpinterías antiguas suele ser una de las actuaciones más visibles para los propietarios y una de las más demandadas en rehabilitación. Sin embargo, no todas las mejoras ofrecen los mismos resultados.

La eficiencia de una ventana depende del conjunto formado por marco, vidrio, herrajes y nivel de estanqueidad. Una carpintería con rotura de puente térmico y vidrio bajo emisivo puede reducir de forma notable las pérdidas energéticas y mejorar simultáneamente el aislamiento acústico.

No obstante, conviene recordar que las ventanas representan únicamente una parte de la envolvente. En muchos edificios, actuar exclusivamente sobre ellas produce mejoras apreciables, pero insuficientes para resolver los problemas energéticos de fondo.

El problema oculto de los puentes térmicos

En rehabilitación energética existe un aspecto que suele pasar desapercibido para muchos propietarios: los puentes térmicos.

Son zonas donde el aislamiento se interrumpe o disminuye, permitiendo que el calor fluya con mayor facilidad hacia el exterior. Frentes de forjado, pilares embebidos en fachada, contornos de ventanas o cajas de persiana son algunos ejemplos habituales.

Su importancia va más allá del consumo energético. Las bajas temperaturas superficiales que generan favorecen la aparición de condensaciones y moho, especialmente en viviendas con ventilación insuficiente.

Por eso, una rehabilitación eficaz no debería limitarse a añadir aislamiento, sino también a corregir estos puntos singulares en la medida de lo posible.

Las instalaciones también cuentan

Una vez reducida la demanda energética del edificio, resulta lógico actuar sobre los sistemas encargados de producir calefacción, refrigeración o agua caliente sanitaria.

En los últimos años la aerotermia se ha consolidado como una de las soluciones más utilizadas debido a su elevada eficiencia y a su capacidad para cubrir varias necesidades energéticas con un único sistema.

Su funcionamiento resulta especialmente interesante cuando se combina con edificios bien aislados y con emisores de baja temperatura, como suelo radiante o radiadores diseñados para trabajar con temperaturas de impulsión reducidas.

La ventilación mecánica con recuperación de calor también está adquiriendo protagonismo en rehabilitación. Estos sistemas permiten renovar el aire interior manteniendo gran parte de la energía contenida en el aire extraído, algo especialmente útil en edificios que han mejorado significativamente su estanqueidad.

La energía más barata es la que no se consume

Existe cierta tendencia a asociar la rehabilitación energética con la instalación de paneles solares. Aunque la energía fotovoltaica puede aportar beneficios importantes, conviene recordar que la generación de energía debería llegar después de haber reducido el consumo.

Un edificio mal aislado seguirá desperdiciando energía aunque disponga de una instalación fotovoltaica de gran tamaño.

La secuencia lógica suele ser actuar primero sobre la envolvente, después optimizar las instalaciones y, finalmente, incorporar energías renovables cuando resulte viable técnica y económicamente.

Más confort y menos dependencia energética

Los beneficios de una rehabilitación energética van mucho más allá del ahorro económico. La mejora del aislamiento y de la estanqueidad reduce corrientes de aire, elimina superficies frías y proporciona temperaturas interiores más uniformes. Esto se traduce en viviendas más confortables y saludables, con menor riesgo de condensaciones y una mejor calidad ambiental interior.

Además, los edificios energéticamente eficientes suelen incrementar su valor de mercado y mejorar su posición dentro del certificado energético, un aspecto cada vez más valorado por compradores e inquilinos.

La importancia de una visión global

Las rehabilitaciones que ofrecen mejores resultados son aquellas que abordan el edificio como un conjunto y no como una suma de elementos independientes.

Cada inmueble presenta condicionantes distintos: orientación, sistema constructivo, estado de conservación, clima, presupuesto disponible y objetivos de la propiedad. Por eso no existen soluciones universales ni recetas válidas para todos los casos.

Una intervención bien planificada combina mejoras en la envolvente, corrección de puentes térmicos, renovación de instalaciones y aprovechamiento de energías renovables cuando procede. Solo desde esa visión global es posible conseguir reducciones significativas del consumo energético y mejoras duraderas en el comportamiento del edificio.

Espero que esta información te haya sido útil, y te animo a seguir atento, ya que cada tanto publicaré un nuevo artículo con temas relacionados que podrían ser de tu interés. Si tienes alguna duda puedes dejarme un comentario.

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