Carlos Pallas Rodríguez | Arquitecto

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Incendios: el punto que decide si un proyecto de trasteros funciona… o no!

En el artículo anterior te planteaba una idea clara: transformar un local sin uso en trasteros puede ser una buena oportunidad, siempre que tenga sentido desde el punto de vista técnico y normativo.

Y es precisamente aquí donde aparece el factor que más suele condicionar el proyecto: la protección contra incendios.

No porque sea especialmente compleja en sí, sino porque influye directamente en cómo se organiza el espacio, cuántos trasteros caben y qué inversión es necesaria. En muchos casos, es lo que marca la diferencia entre una idea viable y una que no lo es.

Para entenderlo bien, lo más útil es bajar a un caso realista.

Un local pequeño que no puede ser vivienda

Imaginemos un local típico: unos 46,50 m² construidos, poca altura, poca fachada y sin condiciones para cumplir los requisitos de vivienda. Es decir, la opción de cambio de uso queda descartada desde el principio.

Sin embargo, al estudiar la planta, aparece una posibilidad clara: organizar un pasillo central y distribuir a ambos lados una serie de pequeños trasteros, de unos 3 m² cada uno. En total, podrían salir unas nueve unidades. Sobre el papel, encaja. Es funcional, es sencillo y tiene lógica económica.

Pero antes de darlo por válido, hay que responder a una pregunta clave: ¿cumple con la normativa de incendios?

Lo primero: entender qué uso tiene realmente

Aquí es donde suele aparecer el primer error.

Aunque hablemos de “trasteros”, no es lo mismo un trastero vinculado a una vivienda que un trastero en alquiler como actividad independiente. Y esta diferencia lo cambia todo.

En este caso, no estamos ante un uso residencial. Se trata de un uso de almacenamiento, aunque el espacio sea pequeño. La normativa lo trata como tal.

Esto implica trabajar con criterios propios de almacén, no de vivienda. Y, además, introduce un concepto importante: el nivel de riesgo del local.

Un dato clave: el nivel de riesgo no depende del tamaño

En este tipo de actividades, si la altura de almacenamiento no supera los 3 metros, algo habitual en estos locales, la normativa asigna directamente un nivel de riesgo medio.

Esto puede sorprender, porque hablamos de un local pequeño. Pero el riesgo no se mide solo por la superficie, sino por lo que puede llegar a almacenarse.

Y aquí entra en juego otro concepto importante: la carga de fuego.

Cuando se analiza un local desde el punto de vista de incendios, no se piensa en lo que hay ahora, sino en lo que podría haber.

En un trastero en alquiler, el contenido es imprevisible: muebles, ropa, electrodomésticos, papel… Por eso, la normativa trabaja con valores estándar que representan una situación desfavorable. En este caso, se considera una carga de fuego elevada. Si se aplica al ejemplo del local de 46,50 m², el resultado es un nivel de energía potencial considerable.

No es necesario quedarse con la cifra exacta. Lo importante es entender la consecuencia: el local se considera de riesgo medio, y eso obliga a cumplir una serie de condiciones.

Y hay algo importante: esto no cambia aunque los trasteros estén vacíos. Es una condición del uso, no de la ocupación real.

Un error habitual: pensar que es como un trastero de vivienda

Es bastante común hacer una comparación que lleva a confusión.

Si estos trasteros estuvieran dentro de un edificio de viviendas y vinculados a los propietarios, la normativa sería más permisiva. De hecho, por debajo de ciertos tamaños, las exigencias son bastante menores.

Pero aquí no estamos en ese caso. Se trata de una actividad económica independiente.

Por tanto, hay que trabajar con el escenario más exigente. Y esto conviene tenerlo claro desde el principio, porque afecta directamente al diseño.

La evacuación: menos problemática de lo que parece

Cuando se habla de incendios, muchas veces se piensa que la evacuación será el gran problema. En locales pequeños como este, no suele ser así. Si la distribución es lógica, se resuelve sin dificultad.

Para un espacio de estas dimensiones, es suficiente una única salida. La ocupación es baja, ya que no hay presencia continua de personas.

El recorrido desde cualquier punto hasta la salida debe ser limitado, pero en un local de menos de 50 m² esto se cumple fácilmente si el pasillo está bien planteado.

Aquí el pasillo central no solo organiza los trasteros, sino que también actúa como recorrido de evacuación. Por eso es importante que tenga una anchura cómoda, en torno a un metro, que permita moverse sin dificultad.

En la práctica, si el diseño es ordenado, la evacuación no suele ser el factor que complica el proyecto.

Las medidas obligatorias: más simples de lo que parece

Una vez entendido el riesgo, toca ver qué medidas son necesarias. Y aquí es donde muchas veces se sobredimensiona el problema.

En un local pequeño como el del ejemplo, las exigencias son bastante asumibles. Lo básico es:

  • Extintores portátiles bien distribuidos.
  • Alumbrado de emergencia para garantizar la salida en caso de fallo eléctrico.
  • Señalización clara de recorridos y equipos.

No se exigen sistemas complejos como rociadores, detectores automáticos o bocas de incendio equipadas.

Esto es clave, porque reduce mucho la inversión necesaria y hace viable el proyecto desde el punto de vista económico.

El papel de la construcción: lo que no se ve también importa

Más allá de las instalaciones, hay un aspecto que a veces pasa desapercibido: las condiciones del propio local.

Si el espacio forma parte de un edificio, debe estar correctamente separado del resto. Es decir, debe evitar que un incendio se propague a otros usos.

Esto se consigue con elementos constructivos que resisten el fuego durante un tiempo determinado.

Además, los materiales que se utilicen en el interior deben limitar la propagación de las llamas.

No son medidas llamativas, pero son fundamentales y deben comprobarse en cada caso.

Entonces, ¿es viable o no?

Volviendo al ejemplo inicial, la respuesta es que sí, puede ser viable. A pesar de que la normativa considera el uso como de riesgo medio, el tamaño reducido del local hace que las exigencias sean razonables y asumibles. La clave está en no improvisar.

Hay que entender bien cómo se clasifica el uso, diseñar el espacio teniendo en cuenta la evacuación y aplicar las medidas necesarias sin quedarse corto… pero tampoco sin sobredimensionar.

Cuando se hace así, el resultado es un proyecto equilibrado: cumple la normativa, es ejecutable y tiene sentido económico.

Hay una última idea que conviene tener clara. No basta con que el local “parezca” correcto. Es necesario justificarlo técnicamente. Es decir, explicar en un proyecto por qué cumple la normativa en todos los aspectos: uso, riesgo, evacuación y medidas de protección.

Ese es el paso que convierte una idea en una actuación real.

En el siguiente artículo se abordarán otros factores que también influyen en este tipo de proyectos, como la ventilación, los accesos o las limitaciones urbanísticas. Aspectos que, en muchos casos, terminan siendo tan determinantes como la propia protección contra incendios.

Espero que esta información te haya sido útil, y te animo a seguir atento, ya que cada tanto publicaré un nuevo artículo con temas relacionados que podrían ser de tu interés. Si tienes alguna duda puedes dejarme un comentario.

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